Un domingo cualquiera


12 de febrero de 2012. Domingo de la final de la Copa de África de fútbol. Nada mejor que darse un rulo por algún campito de regional. Elegimos la sede del Canillas por costumbre, club con solera, medio siglo de historia. Lo regenta nuestro amigo Manolo, que no tiene otra cosa que hacer y se lo pasa bomba con los chavales. El ambientillo creado en torno a esta escuela con casi 400 futbolistas siempre ofrece vidilla. Un bar en condiciones, con plancha y alcohol, y a echar el rato. Mañana soleada, cielo limpio, pero hace rasca.

Están jugando Canillas B y El Españoleto. Bastante dureza. Una entrada fea y, en el rebote, el balón salta por encima de la tribunilla y le pega cerca de la rodilla a un niño de siete u ocho años, que andaba mirando un partidillo de los más pequeños en otro campo. Nadie repara en el impacto. Detrás de la valla, la gente está en lo suyo, el público insulta al árbitro, a sólo unos metros. Todos se desahogan llenando de improperios al joven colegiado. Ley del fútbol. Mientras, el chaval del pelotazo hace gestos de dolor, rascándose la pierna izquierda.

Hay un jugador de amarillo en el suelo, quejándose de la entrada, y por detrás asoma la gaita su capitán, brazalete bien sujeto y 5 a la espalda, como debe ser. Sortea a su compañero caído y busca con la mirada al central de los locales, también capitán y con el 5. No es mera coincidencia. “Eh, eh, sí, tú! Eres un bocas! Y un listillo! Escuchas?! Un listillo!” El defensa del Canillas prefiere ignorar la diatriba y el adversario, calmado por los más cercanos, vuelve a su demarcación. Se reanuda el juego. Césped artificial. Ambos contendientes están habituados. El mismo tapete que en el campo del Españoleto, en el barrio de la Elipa.

Los chascarrillos se extienden por doquier a este lado de la valla, en el borde del rectángulo, junto a la tribuna, que también la hay. Al 16 del Canillas, que viste de blanco y ribetes azules, le llaman el Tanque y se percibe que la grada confía en sus posibilidades. Bastantes gorros de lana entre la concurrencia, inseparables del buen aficionado. Hay, sin embargo, mucho miedo al portero del equipo de casa, se ríen y mofan de él directamente, sin reparar en que el padre o la novia del infortunado cancerbero puedan estar al lado. Ya se deben conocer, de todos los días. En el Canillas siempre hay movimiento.

 Hasta el chaval lastimado un ratillo antes se ha sumado a la fiesta, recuperado para la causa, al olor de un intenso final, muy vibrante, aunque de calidad limitada. Y por fin aparece el jugador de más talento y potencial para poner el 2-3 en el marcador. El 19 del Españoleto. Ya lo habían avisado en alto los que seguían el duelo desde su comienzo. “El peligro lo tiene el morenito!” Una maravilla. Tres, cuatro destellos de calidad y después la jugada que sentenciaba ya en el descuento. Muy rápido, potente, regateador, con cintura, ambición y riesgo. Lío a los rivales por la derecha, sobrado, y el balón raso, al segundo palo, para que lo empuje otro a placer. Todo un descubrimiento este chavalín africano. En el barrio estarán contentos con su rendimiento.

Quejas del presidente por decisiones técnicas. No ve bien que los entrenadores hagan demasiado caso de la clasificación. No se trata de eso, debe pensar Manolo. Pero las derrotas acarrean desavenencias, aunque no vaya a haber destituciones, no se llevan por estos confines… jajajajajaj… Se supone! Me hacen escuchar el nuevo himno, mola mogollón, ya lo pasaré por aquí, bien cantao. El Duende Azul, así se hace llamar Oswaldo, chileno con coleta y alma de poeta, pieza mágica en el entramado del club, anda con el gesto torcido. Jura que no volverá a hacerle una foto más a Mourinho, que cae bastante por el recinto para ver a su hijo, que juega en los infantiles, creo. Resulta que el portugués invitó a los chicos del equipo por su cumpleaños y las fotos de la fiestecilla acabaron saliendo en televisión con el revuelo de turno. No más fotos a Mourinho en Canillas!! Jjajajajajaj… Dicen que los niños le tienen miedo a Mou…

Una estampa más de fútbol puro y terrenal, el entorno de cada partido. Con su argot y sus códigos. Y donde insultar al árbitro siempre se ha visto bien… No sé por qué. Desde siempre hemos escuchado aquello de que la culpa es del cabrón del árbitro. Y nadie suele rebatirlo, ahí incluso coinciden ambas aficiones. Ya le diremos al amigo Prados, compañero de fatigas en Eurosport, que aporte algo sobre el asunto como integrante de familia de árbitros que siempre defenderán al gremio.

Saliendo de Canillas, quién me iba a decir que unas cuantas horas después, Zambia iba a hacer temblar todos los tambores de África ganando en emotiva y larguísima final a Costa de Marfil. Justo enfrente del lugar, en el mar, cerca de la playa, donde en 1993 se vino abajo el avión de la mejor Zambia de siempre. Y para que eso sucediera ha tenido que haber alguna ayudita extra, hechizos del destino, pócimas milagrosas… Solo había una probabilidad entre todas de que los chipolopolo, con sólo dos futbolistas jugando en Europa, sorprendieran a Didi Drogba y el resto de marfileños, la mayoría muy cotizados a primer nivel. Pero pasó y estuvo muy bien, con detalles, momentos, alternativas, sensaciones y suspense y emoción hasta el último penalty. Zambia, uno de los países más pobres del planeta, campeona de África por primera vez. Con Kalusha Bwalya de presidente de la federación… Vaya historia! Para otro momento…

Probando, probando para blog, probando… jajajajaja…

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One response to this post.

  1. Posted by Jenny on 18 febrero, 2012 at 14:06

    El Gran Diaz!!!

    Responder

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