Chicharro inolvidable


          Noche agradable, temperatura espléndida. Lleno hasta la bandera, como en los viejos tiempos. El Atleti soñaba aún con una victoria a priori imposible. Quedaban diez minutos para el final. Ataca el Barça por la izquierda, falta cerca del pico del área. Quien suscribe, en la grada lateral, disfrutando de visión privilegiada, embriagándome con el mejor futbolista del planeta, ahí estaba, a unos 30 metros, tan poca cosa y todo lo que hace con el balón. Nunca le había visto tan de cerca sobre la alfombra. La pelota estaba quieta, a su lado, a unos pocos metros del vértice. Me fijo un instante en Courtois, el portero, de amarillo, se mueve hacia el poste derecho, pues había que colocar una barrera… Pues no. Ni barrera ni gaitas! Messi se adelanta a todos, lo ve antes y hasta factible, sencillo. Sin apenas carrerilla, un par de pasos, un golpeo con la zurda, claro, con efecto, y el esférico describe la única trayectoria posible para acabar dentro de la portería. Antológico. El portero intenta llegar, pero la bola se va abriendo más y más, baja lo justo y se cuela irremisiblemente junto a la escuadra izquierda. “Ya le metió uno así también al Atleti hace dos o tres años en Barcelona”, apunta de inmediato Ernesto, andaluz culé instalado una fila más arriba. Sí, pero desde el otro pico.

          Acostumbrados a la caja tonta, se echan de menos las repeticiones. ¡Cuán afortunados son los aficionados de cualquier estadio que pueden ver de cerca a los mejores futbolistas del mundo! También lo echo de menos. La gente del Camp Nou tiene que flipar en colores con cuatro de los suyos en lo más alto del escalafón (Messi, Xavi, Iniesta y Fábregas). Allí estaban todos, causando admiración entre los parroquianos del Atleti, que se cercioraron una vez más de que lo de esos chavales con el balón es de verdad, que no son dibujos animados ni juegos psicodélicos, que son fantásticos. Y capaces de rendir, con la liga ya casi perdida, ante un rival digno pese a su inferioridad.

          Volvamos al chicharro. Genialidad del 10 y victoria del Barça. ¡La falta era para un diestro! Al margen de la confusión colectiva originada por la decisión que toma el argentino, lo verdaderamente grandioso es recrearse en la precisión del chut, o del pase a la red, medido, colosal. Habría, en diagonal, unos 25 m. hasta el vertical izquierdo. Para aquellos que no lo hayan visto todavía, desde donde Luis se la clavó a Maier en aquella final de Bruselas. Con trayectorias inversas y escuadras opuestas por completo. Aragonés era diestro. Messi no. Apenas usa la derecha, nunca habría tirado la falta, pero andaban todos despistados… O no. A nadie se le hubiese ocurrido la idea, sólo a esta pulga extraterrestre, y menos aún la habría ejecutado con tanta brillantez. ¡Un simple toque! Un balón pasado al segundo palo. Nadie se había enterado, un defensa de espaldas, mirando al marco. Otro sí salta en un intento tardío de abortar el diabólico lanzamiento. Courtois está descolocado, no le da tiempo.

          Los azulgrana lo celebran mientras los colchoneros rodean todos al árbitro pidiendo no sé qué. Después lo diría Simeone, qué más da lo que pasara, el gol es formidable. Como lo había sido el de Cristiano en Vallecas. Los dos jugaban en Madrid el mismo día y ambos sacaron un gol de donde no había nada, como reclamando un oscar. Juzguen ustedes.

          Hacía unos tres años que no pisaba el Manzanares, aún recuerdo que Petón me engañó y una noche me llevó a un partido infumable con Osasuna. Se lo agradezco, de todos modos, ya habían pasado unos añitos de la vez anterior, en Segunda. Hoy me siento contento por haber sido testigo directísimo de este inolvidable chicharro de Messi. Gracias a la invitación de María José, ataviada con camiseta de la selección, el 9 de Torres, en plan reivindicativo. Me acuerdo enseguida de la entrevista a Felines en As (ver post Felines en estado puro): “Yo he visto jugar a los más grandes, pero lo de este chico es inaudito”.

          Tengo que ir más a menudo al campo, he perdido la costumbre. Olor a hierba, a dos tipos de hierba, pues un dulce aroma sube de las primeras filas… Los bocatas del descanso con laiker, de pena… A los pobres se les acabó ya hace demasiado tiempo lo de las birras dentro del estadio, ¡pero esto qué va a ser! Sólo pueden consumir alcohol  los que pagan las localidades más caras y los inquilinos de palcos. La ley es igual para todos, decía alguien no hace mucho. Pero mientras nadie se queje, el que pueda meter la bota, la petaca y poco más… En el descanso, graderíos llenos a excepción del coto reservado para alcohólicos, palco y asientos aledaños, zona VIP quizás…? Los abstemios, que se jodan! Y dentro de nada, no smoking, sólo para los pobres, la plebe, claro. ¿Y los del CSD qué dirán? ¿No estaba prohibido el alcohol en los recintos deportivos? Habrá que preguntárselo.

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One response to this post.

  1. Posted by Andaluz culé. on 27 febrero, 2012 at 14:54

    Para el próximo que nos veamos en el Calderón, la petaca la llevo fijo.
    Fd. Ernesto, el andaluz culé.

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