Periodistas de mentira


Publicado por  JOT DOWN Cultural Magazin       www.jotdown.es

Texto: RAMÓN BESA

 Intercambio de rehenes

          Hay una tendencia generalizada a identificar a los periodistas como esclavos emocionales de un equipo o de un técnico, y por extensión, se les considera enemigos del club rival. La cultura de la instantaneidad sepulta la obra publicada. Algunos, sin embargo, necesitamos de la relectura para alimentarnos y juntar unas letras o unos caracteres, ahora que el periodismo se ha convertido también en una gestión de espacios. A mí me ha dado un ataque de nostalgia y vuelvo sobre los textos de Vázquez Montalbán para ver si aprendo a interpretar al Barça de Guardiola sin caer en el boato que tanto se nos reprocha a algunos periodistas catalanes.

          Hay pocos autores que hayan construido un relato mejor que el de Manolo sobre el fútbol y también sobre la gastronomía. Pep Guardiola y Ferran Adrià simbolizan hoy las causas que siempre defendió Manolo, sobre todo cuando la cultura estaba reñida con la pelota y la cocina, momentos en que un comunista era mal visto si chutaba a portería o se ponía detrás de los fogones. Vázquez Montalbán jamás disimuló que era del Barcelona y su sentido de la militancia le llevaba incluso a escuchar disimuladamente la radio cuando el acto más exigente coincidía con un partido. Nadie consideró, sin embargo, que su opinión fuera interesada, sino todo lo contrario.

          Pertenecer sentimentalmente a un club no significaba servir a sus representantes, sino ser más exigente con su equipo que con los adversarios. Manolo tenía muy buen gusto, su espíritu crítico era acentuado y escribía desde el conocimiento. Hoy la militancia es una cosa muy distinta. Ya no se trata de preguntar, procesar y discrepar, sino que a menudo la cuestión es fomentar el negocio sin escrúpulos, hasta el punto de agitar el fundamentalismo. A partir del alistamiento, muchos periodistas hacen una defensa tribal de lo suyo y una descalificación sin matices de lo otro. Han desaparecido los grises, no se contextualiza, y se impone la descalificación o admiración.

          No conviene caer en el agradecimiento fácil, sino que se impone un cierto distanciamiento. Tampoco se trata, en contrapartida, de practicar la autocensura o el cinismo, evitar lo que para uno es la evidencia a pesar de que la credibilidad y la honestidad han dejado de ser valores constatables, y en cambio se fomenta el populismo. La opinión se impone a la información, las tertulias ganan terreno a las páginas de los diarios y los periodistas han dejado de ser anónimos para convertirse en personajes mediáticos dignos de un culebrón televisivo. Ya no se dice lo que se piensa, sino lo que la gente quiere oír cegados todos por la victoria o la derrota.

          Añoro los tiempos en que Butragueño era admirado en el Camp Nou, de la misma manera que Ronaldinho salía aplaudido del Bernabéu. Ahora, en cambio, la afirmación propia pasa por la negación del rival y no nos pondríamos de acuerdo en los motivos. A unos les parece que Mourinho es el demonio y a otros les revienta que se presente a Guardiola como el ángel de la guarda. Hemos caído en el periodismo de club o en el periodismo para periodistas, y el lenguaje sustituye a menudo a la realidad. Imposible medir la maldad y la bondad desde uno de los dos bandos. Ocurre que el Madrid no estaba acostumbrado a perder y no se recuerda un éxito tan continuado en el Barça.

          Habituado a la derrota, no sabemos cómo respondería Vázquez Montalbán al triunfo del equipo de Guardiola. Aunque la llegada de ambos técnicos se explica también a partir de la obra de Manolo, su interpretación queda a manos de los periodistas de los dos lados, condicionados todos por la industria periodística que para nada atiende al currículo. Unos y otros se leen y releen para insistir generalmente en lo que han escrito. No hay remedio. Ante tal situación, y siempre que no confiemos en los periodistas que tienen al partido como sujeto en lugar del equipo o club de su simpatía, solo se me ocurre una salida: confiar en los textos de terceros o intercambiar a los periodistas.

          No es una novedad propiamente sino que recojo una idea del compañero Guillem Martínez, al que siempre le interesó crear una sección que se llamaría “Intercambio de rehenes”: los periodistas de Madrid al Camp Nou y los del Barça al Bernabéu. Igual, puestos a divertirnos, se disfrutaría más y el lector que sospecha de todos nosotros lo agradecería.

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One response to this post.

  1. Interesante comentario, pero tan cargado de cinismo como de contenido. Sin dar referencias es siempre fácil divagar. Sin analizar contenidos es siempre gratuito opinar. Y eso, querido amigo de fácil redacción, es a lo que te has refugiado. Si del Barça eres y la prensa deportiva catalana eres, comrpobarás que ese fundamentalismo tiene una raíz apoyado en esa buena frase de “a menudo la cuestión es fomentar el negocio sin escrúpulos”. Y es que la prensa del equipo del que usted es tiene un público más reducido en número y centrado en Cataluña, mientras que la ‘de la meseta o central lechera’, como definen desde su tierra cueida ‘ese negocio’ e un territorio más amplio. Sale usted a denunciar no sé qué de intercambio de rehenes y sería usted el primero que debería entrar en esa permuta. Aún así, gracias por su buen estilo literario, aunque no por su contenido partidista.

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