Inmundo periodismo de camiseta


          ¿Qué se puede esperar de supuestos periodistas que convierten el oficio en estercolero? ¿Dónde lo han aprendido? Difícil ofrecer una explicación serena y coherente sobre tan dudosa evolución. Qué habrá sucedido para que, en unos pocos años, unos cuantos informadores deportivos, algunos brillantes y reputados en su día, se hayan echado tanta tierra encima. ¿Qué será de ellos cuando pase la moda? Quizás la gente ya no les tome en serio. ¿O aguantarán tanto como Belén Esteban y sus compañeros de reparto? Ya no nos referimos a los gritos, formas e insultos que suelen presidir el cotarro en ciertas tertulias de televisión y radio, sino al descaro y la falta de escrúpulos con que se tergiversa la realidad y se mancilla la deontología profesional. El fanatismo tendencioso se ha apoderado de algunos foros donde los valores del verdadero periodismo brillan por su ausencia. La ética, el deber, la objetividad, el rigor, la honestidad, la moral, la ecuanimidad, la imparcialidad o la independencia pierden la batalla en esos reductos de manipulación consentida.

          Personalmente tengo la impresión de que el show, bochornoso y grotesco para unos, gracioso, incluso interesante para otros, constituye un género novedoso dentro de los medios informativos. Nada que ver con la simple actividad periodística. ¿Cómo definir el nuevo ramo? No es fácil. ¿Actores? ¿Transformistas futboleros? No hablan de otra cosa, aunque casi nunca se ocupan del juego en sí. Parecen sacados de la letra de una chirigota, aunque tampoco debemos generalizar.

          Los nuevos tertulianos son variopintos. Los hay que siempre mantienen el tipo y su credibilidad con un discurso coherente, respaldado por hechos o por conocimiento exhaustivo del tema de debate, como ajenos al alboroto, con lenguaje reposado y tranquilo. Los hay que comparten todas esas constantes salvo la última, saben lo que dicen, pero gritan incontrolados. Cada cual con sus modos. Pero no es esa distinción entre ambos estereotipos la que marca el límite entre periodismo y parodia, pues los aludidos suelen ser honestos y el destinatario lo nota. La fricción surge cuando aparecen los magos de la especulación y la farsa, gente que proclama a voces su independencia profesional diez minutos después de ponerse de rodillas ante el gerifalte de turno. Son los que no saben demasiado de lo que hablan, todos gritan a la vez y se alteran con facilidad, significando esa secuencia el culmen del controvertido producto final. Por tanto, serán los más cotizados, los que menos saben.

          En este epígrafe también hay dos subgrupos. Unos marean la perdiz gritando gilipolleces, buscavidas inofensivos, de los que la gente ya poco se cree, sin temor alguno a soltar cualquier barbaridad, pero sin mala intención, sin intereses oscuros, se ponen la bufanda y poco más. Los peores son, sin duda, los que tergiversan adrede, llegando a provocar indignación con sus mentiras o invenciones por constituir falta de respeto. Individuos capaces de deponer sus tesis en minutos si reciben una llamada de algún ser o entidad que ellos conceptúen de superior. Serviles al poder establecido. Su capacidad para emitir sentencias vanas es asombrosa, da igual lo que se debata. En definitiva, unos saben de lo que hablan y otros no, cada uno con sus intenciones. Pero están todos juntos y revueltos, quizás la clave del éxito.

          Resulta evidente que la gente, en su justa medida, se queda por la noche hasta horas tardías viendo el nuevo género televisivo. No son audiencias millonarias, pero cunden. Las damnificadas pueden ser las radios, que la imagen es la imagen. Y basta con que unos se enfunden la camiseta del Madrid y otros la del Barça para montar el tinglado. Implicados, que estamos en crisis, y a pegarse. Quizás sea la mejor salida para todos, también para los clubes de fútbol y demás entidades u organismos relacionados con el deporte. Importa más que Cristiano se haya rascado la entrepierna que las cuentas del fútbol sean una infamia, por ejemplo. Y de ese gesto del portugués son capaces de sacar hora y media de televisión amarillista. Eso sí, en dos minutos alguien dirá que Messi escupe mucho y que eso está peor. Intrascendencia pura. Siempre el del Madrid contra el Barça y viceversa, sin admitir nada malo del equipo de sus amores. El y tú más es una realidad. Y con ello se lo pasan bien unos cuantos cientos de miles de españoles. Y no se habla de otros aspectos más incómodos y muy reales.

          La fórmula funciona, cambian los tiempos. Hace años, no tantos, los periodistas deportivos se ruborizaban incluso si les identificaban con unos colores, había que salvaguardar la neutralidad, base de la objetividad. Ahora eso es lo de menos, aunque una premisa sí se antoja fundamental, que los actores sean unos del Madrid y otros del Barcelona. Si no es así, no vale. Y cuanto más forofos parezcan, mejor. Los demás equipos y futbolistas son simplemente recursos. Los demás deportes, desmoronándose vertiginosamente, así andamos… Sí conviene aclarar que quien suscribe dispone de una mejor perspectiva que el espectador para extraer conclusiones, pues conoce perfectamente de qué pie cojean la mayoría de los inventores del nuevo género. Un coto en el que prevalecen la confusión y la ocultación.

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7 responses to this post.

  1. Ufff…amigo mio que razón llevas, hoy día puede mas lo otro que ser genuino y verdadero, los que son así y viven así lamentablemente lo tienen todo, aquellos que dicen lo que piensan, tienen muchas puertas cerradas por no decir todas…por los siglos de los siglos am……

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  2. completamente deacuerdo, inventan, insultan…y lo peor la gente los lee mira o escucha…que no se que es peor

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  3. El periodismo de deporte no difiere mucho de la prensa rosa…. desde hace tiempo es así!

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  4. Posted by Jesús Garrido on 2 marzo, 2012 at 16:01

    Es fácil de explicar, socio. El amarillismo ha llegado al deporte porque en este país de pandereta, donde un chaval de 15 años es incapaz de completar un artículo de 500 palabras, (y mucho más sin faltas de ortografía), donde se conocen más marcas de videojuegos que escritores españoles del siglo XIX, o donde se prefiere un tweet a un café con los amigos, también se prefiere oir ladrar a cuatro forofos que escuchar hablar a dos periodistas: (Aconsejo las tertulias de Radio Marca con Segurola y Julio César Iglesias). Así que el periodismo barato, de bajo relieve y perfil dialéctico de EGB, ha cobrado fuerza a través de televisión y radio basura. ¡Por no hablar del periodismo deportivo escrito! Un auténtico asco. Yo me dedico a los blogs desde hace un año. Por las noches yo bajo la basura de mi casa, no enciendo la televisión ni la radio para verla u oirla. Mis respetos para usted.

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  5. Lo que llevamos comentando años en el grupo de amigos está resumido en este artículo. Muy bueno.

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  6. ¡¡¡QUÉ BUENO!!! Lo clavaste ‘burlacaste’ Te enumero los toros más peligrosos del nuevo género, Pérez de Rozas, Tomás Roncero, Roberto Gómez, José Damián González, Lobito Carrasco y no digo más porque ni veo esos programas basura ni oigo la radio por la noche. Me limito a recoger por las mañanas los ecos de cuál ha sido el bodrío con más repercusión. Basura. Pura basura.

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