Messi, Cristiano y el club de los cinco


          Messi es más genuino que Cristiano. Y por eso está ya entre los más grandes de todos los tiempos. Ese club privado y selecto donde no se entra por enchufe. Donde solamente la aclamación popular, ejercida con perspectiva suficiente, dicta sentencia. Ni organismos ni revistas ni empresas aprovechadas. El planeta fútbol reconoce a Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona como los cuatro mejores. Se ha llegado a pedir la inclusión de Zidane en el escalafón de honor. Ha sido el último intento y no ha debido cuajar, por falta de unanimidad, se supone. Otros también se quedaron en las puertas a lo largo de la vasta historia del balompié mundial. Con Messi no hay dudas. Como tampoco las hubo con Maradona en su ascensión a los cielos, no hubo que esperar siquiera a que se retirara, se le coronó desde su apoteósica irrupción. A Messi  le queda todavía  mucho por recorrer. Con 24 años ya ha pulverizado un montón de registros, su tope se antoja ilimitado, imprevisible. Por su parte, Cristiano quizás no sea aceptado nunca en el club, pero lleva ya cinco años discutiendo con Messi por cualquier balón de oro.

          Son los dos mejores, sin duda, los más espectaculares. Cada uno con su estilo. El argentino viene del pasado, de la calle, aunque llegó muy jovencito al Barcelona. El portugués es más de laboratorio, un adelantado, viene del futuro, así habrá más futbolistas dentro de 30 años. Messi se regatea al que se ponga por delante, Cristiano tiene que marcharse por velocidad. Y ahí es donde marca diferencia. Se trata de un atleta, de un velocista adaptado al fútbol. Cintura no tiene, no le veremos jamás recrearse en el dribling. Antes se frenará en seco, tocará de tacón, en otra dirección, y también llegará antes al balón. Messi no. Leo, o Lío, lo lleva con él. Lo cuida y lo trata mejor, siempre con suavidad, resulta más artístico, más estético. Cristiano tirará de potencia y eficacia, golpeará el balón con violencia, su discurso es más explosivo. Messi se lleva mejor con la pelota. Preferirá picar con suavidad, esperar la reacción del portero para colocar o adivinar si un defensa va a abrir las piernas… Imposible que Cristiano meta una falta como la del barcelonista en el Manzanares, habría tirado a romper y con barrera, habría dado tiempo. Messi simplemente sorprendió a todos y la colocó en el único resquicio, Courtois no lo olvidará en su vida.

          Ambos te sacan un gol de la nada, los meten como churros. A pares, de tres en tres, cuatro o hasta cinco si se tercia. Uno es individualista a más no poder, el otro se involucra más en el juego colectivo, lo que le hace aún mejor. Aparición fulgurante frente a continuidad en el juego. Messi lleva la bola cosida al pie a una velocidad increíble, Cristiano no puede hacerlo porque tiene que correr. Cuanto más lejos esté el balón y haya más espacio, mejor, más tiempo tendrá para superar al rival, llegará antes. A la Pulga le da igual que no haya sitio. Pero que Cristiano sea el más veloz no implica que Messi no sea rapidísimo. Todo lo contrario. El 10 del Barça también basa su fútbol en esa faceta, sin velocidad no sería lo que es, imposible. Y con el balón controlado sí es el más rápido, más que Ronaldo. Uno es más atleta, más artificial; el otro, más pelotero, más vistoso y pinturero, más innato. Messi  se mete en la portería con la colaboración de sus compañeros, Cristiano acaba antes y mejor por vía directa. Ambos son insaciables cara al gol, saben que están haciendo historia. Cristiano también sabe que si no fuera por el pequeñajo ese, él sería Superman. Quería ser el number one indiscutible, pero es el dos y hay que aceptarlo. Como pasa con el Madrid y el Barça. Esos celos les distancian también en lo personal, lo lógico entre dos personajes tan ambiciosos.

          De chaval, Cristiano hacía como Zatopek, se ponía peso en las piernas para correr, no es extraño que luego vuele en el campo. No sabemos si continúa utilizando ese método, aunque resultaría interesantísimo conocer detalles acerca de la preparación física específica del portugués. Ese nivel hay que mantenerlo con trabajo, no queda otra. Tenía 18 años cuando los jugadores del United le pidieron a Ferguson su fichaje después de un amistoso en Lisboa frente al Sporting. Acabó convirtiéndose en la principal estrella de la Premier, con unos registros goleadores impresionantes. Aquellos 42 goles de la temporada 07-08, cuando fue campeón de Europa y Balón de Oro, parecían insuperables, pero los está mejorando con creces en el Real Madrid. Tiene sólo 27 años, con lo que le quedan muchas carreras que dar y goles que meter. El físico le responde y él se cuida, ha habido velocistas muy veteranos que se han coronado campeones olímpicos. Messi también ha tenido que trabajar mucho en el plano físico. Antes se lesionaba demasiado, se rompía cada dos por tres. Su paso corto llevaba a un mayor número de apoyos y su explosividad se traducía en frecuentes problemas musculares. Ahora ya no se lesiona ni a tiros. Y juega todos los minutos. Porque quiere y porque Guardiola cumple la orden encantado. Porque es el mejor y tiene hambre de fútbol.

          La gente quiere ver siempre a Messi, por lo que el espectador sale ganando con la referida disposición. Y que todo siga igual muchos años, suspirarán los culés. Por el Camp Nou han pasado algunos de los mejores futbolistas de siempre y saben apreciar el caviar. Los más veteranos podrán comparar. Si acaso, confiemos en el gran Felines, que los ha visto a todos, y en  sus declaraciones hace unas semanas al periódico As (ver post Felines en estado puro, 27 febrero): “He visto a los más grandes. Di Stéfano, que era un todoterreno, al Pelé más joven, al mejor Puskas, a Cruyff…  Pero lo del chico este es inaudito. Cada vez que coge la pelota crea una sensación real de peligro de gol. Si metes en una botella a Messi, sale de ella con la pelota pegada al pie. Y tiene algo que me encanta: no se tira. Su obsesión por el gol es insaciable”. En cuanto a la comparación cotidiana entre Messi y Cristiano, quizás saldríamos todos de dudas si despojáramos a ambos de su punta de velocidad. El argentino parecería más futbolista, ¿no? Se transformaría en un Xavi. Cristiano lo tendría peor.

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