El solomillo olvidado


           Han pasado más de 30 días hábiles desde que el TAS hiciese pública su sentencia por dopaje  y Alberto Contador, que sepamos, no ha anunciado ni ejercido reclamación judicial alguna. Ha acabado el plazo. Mejor así. Estaba cantado. El final menos infeliz para el ciclista madrileño, que volverá a correr para agosto. La pena queda muy reducida y él sale más o menos airoso, menos que más, de tan tormentosa singladura. El más alto tribunal deportivo desbarató la absurda teoría del solomillo, pero se sacó de la chistera una ingesta de algún cóctel vitamínico, contaminado con clembuterol,  para mitigar la presunta culpabilidad del sancionado y los efectos colaterales. Para salvaguardar el honor del mejor ciclista del mundo, podríamos decir. Muy mala suerte que los responsables médicos de su equipo escogieran al proveedor menos recomendable, hay que tener mucho cuidado con esas cosas, y que además el bote malo le tocara al líder de la general del Tour. Tampoco los compañeros debieron probar la carne, por lo que se ve. Contador siempre dijo que recurriría a las más altas instancias, que no iba a parar hasta demostrar su inocencia. Sin embargo, cambió su discurso en la multitudinaria rueda de prensa que dio en Pinto después de conocerse el fallo. Que ya vería lo que hacer. Más de 200 periodistas y ni una palabra acerca del famoso solomillo. Surrealista.

          Contador había basado siempre su defensa en aquel solomillo que compró López Cerrón en Irún y que se cenó horas antes de subir el Tourmalet. El cuento de la carne contaminada sí sirvió para que la Federación Española de Ciclismo le impusiera sólo un año de castigo, ya que “la negligencia del ciclista no fue significativa porque la mera presencia de la sustancia en el organismo no conlleva una vulneración del fair play de la competición”. ¿Entonces? Por ser español, vamos.  La razón esgrimida lleva la firma de Carmen Victoria López Muñoz, la instructora del caso. Así luchamos contra el dopaje en España. No extrañan esas sensaciones internacionales de sospecha continua que sacuden al deporte español. Menos mal que hay TAS. Lo del solomillo, milonga. Clembuterol, dos años. Y Contador acepta la teoría del compuesto reconstituyente. Y se autoproclama inocente, no hubo intención. Así de fácil. Lo dijo en el hotel de su pueblo, que cualquiera que leyese la sentencia podría deducir su inocencia. Cualquiera que tenga la paciencia de revisar el inmenso y muy interesante documento sacará conclusiones valiosísimas para formarse una opinión diáfana y objetiva de lo sucedido.

          La AMA (Asociación Mundial Antidopaje) hizo de fiscal, fiel a sus principios, no se quedó quieta, todo lo contrario, belicosa, agresiva. Hasta formuló la posibilidad de una autotransfusión como el origen del positivo, en virtud de los restos de plástico aparecidos en la sangre del ciclista. Una tesis verosímil, más que la del cóctel asumida finalmente por el TAS, aunque imposible de probar legalmente porque los métodos de detección utilizados no están homologados. Sentencia condescendiente, sí, pero después de dejar las cosas muy claras en la vista celebrada en su día en Suiza. Debió ser espectacular. Allí tuvo que acudir hasta el carnicero Zabaleta, indignado con la versión del ciclista (ver post El carnicero de Irun, 21 marzo). Los investigadores de la AMA habían pasado por su establecimiento solicitando toda la información posible. En el juico referido, fue todo un juicio, la propia AMA y también la UCI presentaron datos sobre los análisis practicados a animales en la UE en 2008: sólo había habido un caso de clembuterol, en Italia, entre 286.748 muestras. Según ese informe de los citados organismos internacionales, la carne que comió Contador provenía de España, no era de importación. Y “para que hubiera dado un resultado tan adverso por clembuterol, en unos niveles de 50 pg/ml, tendría que haber ingerido carne de ternera altamente contaminada y sacrificada contra toda lógica poco después de la última administración del clembuterol”. Quedó muy claro que el carnicero era inocente, pese a los intentos vanos y torpes de unos abogados, los del ciclista, muy perdidos, por lo que pareció. Intentaron demostrar ante el tribunal que el solomillo era de vaca y no de ternera, pero el amigo Zabaleta se creció en lo suyo y desmontó rápidamente la maniobra. Luego hasta le han dado un homenaje en la Diputación de Guipúzcoa, con mucha polémica, ya que un sindicato agroganadero vasco se quejó a los políticos por ese reconocimiento público a una persona que apuesta por la carne de otras zonas y no por la autóctona. Y es que el solomillo de Contador procedía de Castilla y León. C´est la vie.

          El caso está lleno de contradicciones y sospechas. Ya nadie ha vuelto a incidir en el mismo, se da por hecho que se desvaneció como el solomillo. Mejor dejarlo pasar. Contador ya competirá de nuevo en verano y todos podremos aplaudirle como gran campeón. Corrió durante 2011, pero ese tiempo le cuenta, aunque le hayan quitado las victorias. Esperemos que no tenga que volver a comparecer nunca más junto a Bjarne Riis para renegar de un trozo de carne. También vaya socio que se buscó, confeso de dopaje. Un pedazo de ternera que ya ha pasado a la historia oscura del ciclismo mundial. Unos anales donde reposa aún aquel famoso Probenecid que finalmente permitió a Delgado ganar el Tour 88. Un medicamento para la gota que además ya no se comercializaba en las farmacias, había ya otros productos más modernos. Un enmascarador de la época prohibido por el COI pero que aún no aparecía en la lista de sustancias prohibidas de la UCI. Se organizó hasta una comitiva de políticos y derivados para luchar contra Francia porque nos querían birlar el Tour. Y allá que se fueron todos, por Burdeos andaba la carrera. Conflicto diplomático. Ha pasado casi un cuarto de siglo y estamos en las mismas. Recuerdo que todos los especialistas que consultamos entonces en Onda Madrid, debido al escándalo que se montó, coincidían en que aquello olía a doping. Sin cortarse, en la radio. En algunas emisoras, no en todas. En algunos periódicos, no en todos. Siempre los habrá que tiren por el camino del patrioterismo. Nunca olvidaremos cómo recibieron los segovianos a José María García en la Vuelta 89, llegó en helicóptero a la meta y salió zumbando en cuanto terminó la etapa. Caso Perico, caso Contador y otros muchos no tan rutilantes. Hasta el próximo.

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