69 Premier Street (II)


Publicado en:  Futbol Británico                                 www.futbolbritanico.com

     Texto: José Manuel Díaz

 La decadencia del Chelsea

       

          No sería casualidad que el Chelsea quedara fuera de la próxima Champions League. No dio señales de recuperación frente al Tottenham, su principal rival para la cuarta plaza, y acumula una desventaja de cinco puntos, también con el Arsenal, 3º, aunque aún debe rendir visita el Emirates. Quizás decisivo. Quedan siete partidos después del 2-4 en Villa Park. La misión se antoja peliaguda, que no imposible. A los blues, en plena crisis de identidad y de juego, les da todavía para alcanzar una semifinal europea, debido al nivel medio del Benfica. Si se rentabiliza la poderosa y brillante jugada de Torres en Lisboa, estarán entre los cuatro elegidos, pero ése debiera ser su tope. Demasiado descabellado imaginar que la peor temporada de la era Abramovich coincidiera con la conquista de la anhelada Copa de Europa, la misma que se rozó en Moscú, a la que quizás no se aspire la próxima temporada. Villas-Boas no pudo aguantar la presión ni luchar contra las carencias del actual plantel, que tampoco le respaldó lo necesario. Contaban que el portugués buscaba jugar a un ritmo alto, aunque con mayor control de balón. Pero llegó en el peor momento, encontrándose con un grupo castigado por la edad y las lesiones, además incapaz de elaborar algo de fútbol , sin centrocampistas pensantes.

          El Chelsea está roto por la mitad. Ha fallado la transición y hay que empezar casi de cero, confiar en un nuevo técnico y sobre todo tirar de chequera para comprar futbolistas de primer nivel. Pero hacer un equipo nuevo no es tan sencillo, lleva su tiempo, al margen de las peculiaridades que adornan el vestuario de Stamford Bridge. Sí, cierto que Drogba no es lo de antes, pero el alma del gran Chelsea era Lampard. Su ritmo, su implicación y sus muchos goles elevaban sobremanera la competitividad del equipo, siempre partiendo de lo físico, de la intensidad y de la velocidad en las transiciones. El estilo que inoculó Mourinho, aquellos tres goles al Barça en un ratillo. Pero Frankie ha perdido chispa y ese fútbol ya no se puede desarrollar. Sin fuelle, ahora da casi pena verlo deambular por el campo sin participar apenas en el juego. En Londres dan por hecho que Drogba se marcha a final de temporada, pero también que Lampard continúa. Los 34 años le pillarán en Donetsk (Ucrania), en plena Eurocopa, si es que le convocan, que se supone que sí.

          Uno de los más grandes en la historia del Chelsea, 12 años desde que llegó del West Ham, camino de los 600 partidos con los blues, como su amigo Terry, ambos ya entre los cinco que más veces han defendido esa camiseta. Lampard está a sólo unos golitos de superar a Bobby Tambling, delantero de los 60, como máximo goleador en la historia del club. Merece batir cualquier récord que esté a su alcance, ha sido el alma del equipo en su época más dorada. Entre 2005, año que le concedieron el Balón de Plata, y 2010 estuvo siempre por encima de los 20 goles por temporada. Cifras brutales tratándose de un mediocampista que también defiende. Estuvo hasta cuatro años sin perderse un solo partido de Premier. Ostenta también el récord de más partidos en una temporada (62 en la 2006-07). Y sin dejar de correr, arriba y abajo, siempre peleando, lleno de empuje,  trabajando, metiendo goles… Esfuerzos que se acumulan y se pagan, lesiones cada vez más frecuentes, los años no pasan en balde. Ni el mejor solomillo de Irún invertiría proceso tan natural. Terry sí debe aguantar mejor el paso del tiempo, tres años más joven, 14 ya en el primer equipo y sin tanto desgaste físico. Le queda cuerda hasta que sea historia del Chelsea, cuya afición siempre recordará aquel resbalón en el momento más inoportuno. Una contingencia que impidió que el gran sueño de Abramovich se hiciese realidad. Iba a ser Cristiano quien pasase a la posteridad por fallar su penalti, pero el gran capitán de los blues vivió el lance más insólito y lamentable de su carrera.

          El dilema del archimillonario ruso es sobresaliente. Tiene que decidirse por un técnico moderno y capaz para la reconstrucción, pero sabe que precisamente Terry y Lampard son los jefes del vestuario y no se lo pusieron nada fácil, todo lo contrario, a Villas-Boas. Si por ellos fuese, que volviese Mou. Pero el ruso acabó demasiado harto del portugués, además sería como reconocer un error fatal. Desde que despidió a Mou (septiembre 2007), han pasado hasta siete entrenadores por el banquillo, incluyendo a Ray Wilkins en su único partido entre el adiós de Scolari y la llegada de Hiddink. Antes esa final de Champions perdida en Moscú, con Avram Grant, y después la Premier conquistada con Ancelotti. Se mantuvo el primer nivel hasta ese momento, pero se empezó a decir que la plantilla estaba vieja, hasta desde Anfield, y se prescindió de futbolistas importantes, veteranos, con manejo de balón. Otros se quedaron, como Lampard, que nunca tuvo pausa, su gran hándicap, y depende de su alto ritmo sostenido, de su físico. Esto no quiere decir que el 8 no pueda ser útil, pero sí indica la necesidad de una renovación que no se ha llevado a cabo. ¿Y Abramovich lo sabe? Ya le gustaría contratar a Guardiola, improbable por su barcelonismo. Ficharía también a Benítez, principal culpable de que Mou no ganara la Champions con el Chelsea, único lunar en su carrera. Pero Terry y Lampard son muy colegas del portugués… Todo parece girar en torno a Mourinho cinco años después de su adiós. ¿Y qué hacer? Ante todo, fichar. Al mismo tiempo, saber lo que se quiere y con quién. Abramovich piensa en Zola, ídolo veneradísimo en The Bridge, para que le eche una mano, pero no para el banquillo.

          Muy lejanos parecen ya aquellos tiempos en los que Ballack, Lampard, Deco, Anelka y Drogba jugaban juntos, también a menudo Malouda, y las goleadas caían con facilidad. Se trataba simplemente, como decían Marcelino y Petón en la tele, de poner en el campo a los mejores. Al Wigan le calzaron ocho en el partido del último alirón y pudieron ser muchos más. Además los dos Cole, Belletti, llegó Zhirkov, todos en buenas condiciones. Campeones y brindando buen fútbol. Pero de una tacada se marcharon Ballack, Deco, Carvalho, Belletti y Joe Cole. Y no llegó nadie salvo Benayoun, ahora cedido al Arsenal. Por eso meses después, en el mercado de invierno, hubo que fichar a Torres y a David Luiz. Arreciaban también las lesiones. Difícil que Essien, castigadísimo, vuelva por sus mejores fueros. Ashley Cole no cruza la divisoria. Se ha fichado a Mata, Meireles, Romeu, Lukaku, volvió Sturridge, ahora ha llegado Gary Cahill, salieron también Anelka , Alex, Zhirkov…  Un verdadero galimatías que descubre la alarmante ausencia de mediocampistas con calidad técnica suficiente para asociarse con los demás. No se ha dado cuenta Abramovich, ¿nadie le ha advertido? Sobran las palabras viendo a Juanín Mata, delantero en origen, tirar del carro en su primer año en Inglaterra. Del chaval McEachran, único canterano de calidad en años, centrocampista y técnico, pocos saben dónde anda, en el Swansea. Falta calidad y falta físico. Delicado panorama.

          Decorado tan azaroso no impide, sin embargo, que el Chelsea esté aún en tres competiciones. Podría ganar la Copa, ¿por qué no? Roberto di Matteo, por el que nadie apuesta, va menos  que más sacando resultados. Si la falta de Mata al palo frente al Tottenham acaba dentro, el sitio Champions estaría ahora a sólo dos puntos. Pero el fútbol es caprichoso y ese balón no entró, con lo que las sensaciones y las dudas recrudecen. El italiano sabe de las carencias de su grupo e intenta rotar todo lo que puede, buscando frescura, pero el problema también es de talento. Da igual que unos jueguen el sábado y otros el miércoles, el balón no llega al delantero. Torres, cuando juega, se ve obligado a dejar el área y convertirse en pasador, pero entonces tiene que llegar alguien. Mata está más que solo, da un balón a tres metros y le pueden devolver una cebolla, especialmente si se apoya en Ramires. Si se juntan los dos españoles, puede salir, pero tiene que ser cerca del área, adonde no llega el balón si Mata no baja a buscarlo. No se encuentra la fórmula. Di Matteo acabará optando por meter juntos a Drogba y Torres. Así si algún balón llega, habrá dos delanteros, si Mata llega al borde del área tendrá más espacio y dos opciones de pase. Con un solo delantero todo resulta más fácil y previsible para la defensa rival. Pero el entrenador es italiano y Sturridge muerde, aunque luego se pierda en ataque. Paradójico que el más discutido, por no meter goles, sea el que mejor está físicamente y fuese el mejor de un discreto Chelsea en el partido de Lisboa. Torres fue también protagonista destacado este sábado frente al Villa y volvió a mojar en la Premier. ¡Por fin! Pero no sólo ni todo es ese gol…

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