La pepsicola de Del Bosque


  

          En la década de los 70 la gente acudía a Chamartín preguntándose si aquel tipo espigado, de cabellera rizada y bigote, les obsequiaría aquella tarde con alguna pepsicola. Término este acuñado por la afición madridista para definir la frivolité con la que solía deleitar a la parroquia. Y casi nunca defraudaba. Se metía el balón entre las botas, saltaba, impulsándolo por detrás de la espalda y por encima de la cabeza, sorprendía al rival de turno y arrancaba la ovación de la grada. El cuero superaba por arriba al adversario, impotente, y caía justo detrás  de él, medido, para jugarlo. Trazando con el balón una trayectoria única, más allá de lo elíptico. Como cuando se abre una botella de bebida gaseosa, que el contenido desborda y resbala espumoso por el exterior del vidrio, sin pasar de ahí. Por eso llamaban pepsicola a aquella virguería, entonces privaba la Pepsi. La jugada en sí encajaría más en el molde de las filigranas innecesarias, pero aquel 6 del Madrid era capaz, de vez en cuando, de sacar provecho de recurso tan efervescente y lleno de chispa como tan inusual. Pero al público le gustaba y lo agradecía.

          Además aquel jugador era entonces uno de los mejores centrocampistas de una época cargada de títulos de Liga para la vitrina de Concha Espina. 28 años después de colgar las botas, 44 desde que llegara al Madrid, ese mismo personaje lleva ya cuatro como seleccionador y va a continuar hasta Brasil 2014. Sin duda, una buena noticia para el fútbol español.

          Vicente del Bosque ha mamado el fútbol y luego ha sabido aplicar conocimientos y experiencias a su trabajo. Distinguido paradigma de sentido común, la mejor táctica dentro y fuera del campo. Nadie le discute, todos le aprecian, hasta llega a incomodarle esa fama de buena persona que le acompaña. Llegó a la capital sin cumplir los 18, se había salido en el Salmantino, marcando incluso un montón de goles. Cinco años después, tres temporadas cedido a Castellón y Córdoba para foguearse, se incorporaba al primer plantel merengue, con Miguel Muñoz todavía en el banquillo y los extranjeros aterrizando de nuevo en el fútbol patrio. Ya había vivido sobre el campo el inolvidable gol de Fermín a Reina en el viejo Arcángel cordobés, gol que daba al Madrid la liga 71-72. También había jugado un año después aquella histórica final del Castellón en el Manzanares contra el entonces Atlético de Bilbao, por prescripción del dictador.

          Luego 11 temporadas plagadas de éxitos con los blancos, bastantes manejando el medio campo. Con él corría más el balón que el jugador, como debía y debe ser. Futbolista lento de movimientos, cámara lenta Del Bosque, le apodaron en la radio, se lo puso Héctor del Mar, el Indio. Pero rápido de cabeza, con una visión de juego fuera de lo común, muy técnico, organizador. Elegante, deportivo, sólo Rubén Cano le sacaba de sus casillas. Ningún madridista olvida aquel medio campo con Ángel, Stielike, Del Bosque, más Juanito, Santillana, Cunningham, con Boskov al mando. Habitual en la selección de Kubala, jugó la Eurocopa 80, en Italia, sí, pero una lesión le había impedido estar dos años antes en el Mundial de Argentina. Ya en su última temporada en activo, acompañaba a Butragueño en el banquillo la tarde que Emilio debutó en el Carranza. Muñoz, Miljanic, Boskov , Molowny, Di Stéfano… De cada uno de sus entrenadores debió aprender algo, más táctica de unos que de otros, más apegados a las viejas tesis de que el fútbol equivale a naturalidad. Siempre y cuando los futbolistas sean de calidad, podríamos añadir.

          El fútbol español está de enhorabuena, Del Bosque va a continuar. El secreto a voces, parece que ya rubricado, lo admitió el técnico salmantino en Onda Cero. El mismo que no daba la imagen como entrenador del Real Madrid, quien se negó a recibir, y con toda la razón, una medalla de manos de Florentino. Toda la vida en un mismo club, sin exigencias económicas desmesuradas, ni como entrenador del primer equipo, hasta que llegó un iluminado y lo echó de mala manera después de haber conquistado dos Copas de Europa. Hace ya nueve años. Y no le ha ido mal. Cogió el tren de la selección en el momento más apropiado, como le había sucedido en el Madrid, ha sabido administrar la herencia de Aragonés, también aprovechar el influjo Barça, y conjugar talento con estilo hasta ser partícipe del momento cumbre de una escuela futbolística que es la envidia de todas las demás. Del Bosque tampoco había pretendido ni anhelado, salvo aspiraciones inconfesas, el banquillo de Chamartín, pero le llegó esa oportunidad y no la dejó escapar. Hasta entonces, cuando sustituyó a Toshack, sólo había cubierto durante unos cuantos partidos las destituciones de Floro y Valdano. Él siempre supo cuál era su sitio y sólo las circunstancias le asomaron al centro del escenario.

           Del Bosque estaba satisfecho con su impagable labor en la cantera. Durante muchos años viendo fútbol de chavales y también de mayores, asiduo en la tribuna de Vallecas, habitual en otros campos, presente donde hubiera algo interesante que ver, siempre pendiente de los detalles. Cuentan que conocía los nombres de la mayoría de los futbolistas que pululaban por la antigua Ciudad Deportiva, hasta de los pequeños. Nada funciona igual en la cantera del Madrid desde que se echó abajo ese modelo Del Bosque, que había servido de transición hacia tiempos más modernos. Molowny le decía a Benítez que veía muy complicado que algún día pudiera entrenar al Castilla, por lo que Rafa prefirió emigrar cuanto antes. Y también acertó. Sin embargo, parece como si Del Bosque hubiera sido diseñado para ser entrenador del Madrid y luego seleccionador, como hecho para ambos cargos. Y eso no es fácil. Nadie gestionó como él un vestuario tan repleto de egos y de estrellas, el mismo que luego aprovechó Florentino, como excusa, para escenificar su vergonzosa espantada en 2006. En la selección, más de lo mismo, también todos deben celebrar la continuidad del actual técnico, imposible imaginar un paisaje distinto. Hay confianza mutua: los futbolistas saben que, si supieran ejecutarla, la pepsicola estaría permitida. Eso sí, siempre con humildad.

         

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One response to this post.

  1. Posted by snedecor on 17 abril, 2012 at 17:32

    Muy buen artículo y muy buena noticia, pensaba que iba a dejarlo tras la Euro. Creo que en el fondo todos pensamos que después de Del Bosque vendrá (o debería venir) Guardiola y esta renovación le da algo más de tiempo a Pep.

    El día antes de la final del mundial escribí sobre Vicente porque consideraba que se le estaba minusvalorando como técnico. Más que mi artículo (en una línea similar a la de este), me gustaría destacar uno de los últimos comentarios, de Luis Martínez Arasa (ex del Castilla, Rayo, Leganés y Murcia, y con una bonita y curiosa historia personal detrás), que nos contaba una bonita anécdota de sus tiempos en la vieja Ciudad Deportiva. Era otra época

    http://www.theflagrants.com/blog/2010/07/un-ojeador-afortunado-por-snedecor/#comment-5883

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