Mourinho y la chispa perdida


          Parece como si se tratara de buscar culpables. Que si Coentrao, que si Casillas, que si Xabi Alonso, que si Cristiano tampoco tuvo su noche, que si Mou… Como si el 2-1 de Munich no hubiese figurado nunca en el guión inicial. En condiciones normales, el Madrid ganará al Bayern en Chamartín y estará en la finalísima. El resultado no es malo, juega en casa y es mejor que el adversario, aunque esto lo debe aún demostrar sobre el campo. En caso contrario, tormenta de las gordas. Robben y Ribéry dispondrán de más espacio en el partido de vuelta, sí, pero los merengues poseen calidad de sobra y recursos suficientes para acabar con la amenaza bávara.

          Se podía perder en Munich si el rival corría lo mismo o más. Y así fue. Los de Heynckes, como manda la tradición, lo dejaron todo en el campo, desactivaron el ya de por sí desnutrido medio campo del Madrid y acabaron ganando a la alemana, casi al final, como tantas otras veces. Se esperaba que los madridistas volaran a estas alturas, justo en la hora de la verdad suprema, pero no están a tope, al menos para superar al Bayern en la faceta física. Y no podemos ignorar que los éxitos de este Madrid parten de lo físico para imponer calidad individual y pegada en los últimos metros. Si el depósito no va a hasta arriba, entonces sí puede haber más rivales que el Barça.

          Fue un partido tosco, de mucho desgaste, presión terrible por parte de ambos, apenas espacios, competitividad plena, intensidad total. El fútbol que Mourinho prefiere para sus equipos, para robar y salir a toda pastilla. Sin embargo, faltaron huecos, los tapó el contrario, y también velocidad, déficit propio. Los germanos no se amilanaron y respondieron con un buen planteamiento, anulando a Alonso y trasladando el juego al cuerpo a cuerpo. Ideal para Mou. Pero el portugués contaba con que sus futbolistas iban a llegar a la cita en plenas condiciones físicas, lo que no se evidenció en el Allianz Arena. O que el Bayern también corre mucho y rápido. Xabi trabajó lo indecible en defensa, pero no le llegó el aire, tampoco el balón, para controlar el juego. Síntoma de que los blancos no atraviesan su mejor momento. Se vio al Madrid defensivo.

          Después de los goles de Cazorla y Senna se aseguraba que el bajón entraba dentro de lo planificado, que la plantilla había afrontado ya una última carga de trabajo físico y que el equipo recuperaría rápido chispa y máxima velocidad. Los métodos científicos que se utilizan para llevar los picos de rendimiento a determinado momento de la temporada suelen ser rigurosos y fidedignos. Algo que los equipos tienen normalmente controlado. Desde esos dos empates, dos goleadas cómodas ante Real Sociedad y Osasuna, sin demasiadas exigencias, tropezón ante el Valencia de Guaita, Cristiano ganó el derby y el triunfo gris sobre el Sporting. De cualquier modo, habían vuelto las dudas, el Madrid ya no apabullaba.

          La plantilla no está diseñada para tener la pelota. Granero, Ozil y Xabi Alonso son los únicos mediocampistas creativos, considerando siempre que el guipuzcoano se mueve casi exclusivamente por detrás del balón y que el madrileño constituye el único plan B de Mourinho, con Sahin en Babia. La suplencia de Marcelo vuelve a delatar a Mourinho: ya lo dejó muy claro cuando prefirió a Coentrao antes que a Silva. Su estilo es otro. No fuera que el brasileño se asociara con Ozil y los de arriba. Con Xabi muy vigilado en Munich, sólo quedaba Ozil. Cristiano, Benzema y Di María son atacantes. Khedira está para otras cosas. Si corres más que el rival, aprovechas tu calidad. Ya si el otro llega antes o a la vez que tú, malo. Peor si no tienes remedio, si no hay capacidad para adueñarse del balón, para jugar de otro modo.

          Y los de rojo eran alemanes, siempre fuertes y rápidos, siempre en la vanguardia de la preparación física. De momento, van por delante en el marcador y les vale así si nos fijamos en cómo celebraron el gol de Mario Gómez. El Madrid debe hacerse fuerte y, a igual ritmo, sentenciar en casa, con humildad, con el estadio entregado y sabiendo que el Bayern no es Osasuna. Luego ya llegará el Barça, si doblega al Chelsea. Para ese día el Madrid sí que debe estar al mil por mil físicamente si quiere tutear al campeón. Queda tiempo para recuperar el tono, pero todo pasa por eliminar al Bayern.

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