Al son del Barça


       

          El balón es del Barça. Bayern y Real Madrid no lo encuentran, a los blancos les da igual. Y el Chelsea regala pelota y campo desde el inicio hasta lograr el mejor resultado. El que menos manejó el cuero, Mata ni lo olió, es el más favorecido por las cifras. Cuestión de estilos y también de azar. Una vez llegaron los blues e hicieron el gol ganador. Cuando todos  daban por bueno el empate al descanso. Formidable apertura en largo de Lampard a la izquierda para Ramires, llega al área, pocos defensas, y da un pase impropio de uno de los jugadores con menos calidad técnica del plantel. Pero le sale perfecto, inteligente decisión la del rumbo último del balón. Y Drogba que no perdona.

          Se descuidó una vez el Barça y el Chelsea le ganó el partido. De la única forma posible, defendiendo a ultranza, jugando sin balón, esperando atrás, tapando todas las vías ofensivas del rival, ni un centímetro a Messi, concentración máxima, buen portero y bastante suerte. Espíritu Mourinho. En The Bridge le quedan algunos discípulos incondicionales, muy espabilados, futbolistas de peso y leyenda. Aún perduran los dogmas implantados por el portugués, cuyo influjo alcanza pues ambas semifinales. Mou ya demostró con el Inter que quizás sea esa, la pergeñada también ahora por Di Matteo, la única manera de ganarle un partido al Barcelona, que suele moverse dentro de inigualables registros de sensibilidad futbolera y admiración global. Sin embargo, el número de ocasiones de gol de los azulgrana en Londres fue muy superior a las disfrutadas hace dos años frente al cuadro italiano, a la postre campeón. Sólo el Barça jugó la pelota, pero se impuso el Chelsea.

          Lo del sábado en el Camp Nou será digno de verse. Los dos mejores equipos de Europa, estilos contrapuestos por completo, disputándose quizás la liga, y a un solo partido, que ambos deberán ganar, de la final de Munich. La final soñada para los que luego salgan vencedores, también para los aficionados neutrales. De fondo además una de las rivalidades más encarnizadas. Pero antes el clásico. Todo el mundo sabe cómo va a jugar el Barça, surgen dudas acerca del planteamiento del Madrid. Una victoria merengue equivaldría a alirón, un empate casi. Todo dependerá quizá de la chispa que tengan y del ritmo que puedan aplicar y sostener los madrileños. Si andan físicamente a tope, presionarán arriba, morderán. Si no, si las últimas impresiones no son un espejismo, tendrán que echarse atrás, aunque prodigándose a la contra más que el Chelsea. De cualquier modo, expectación máxima para ver cómo Mourinho resuelve la encrucijada y con qué jugadores. A él le gustaría ganar como lo hizo el Chelsea este miércoles, pero con el Madrid no le sale. Además si jugara así en Barcelona y perdiera, se le echarían todos encima. Vaya dilema.Tampoco olvida que la ventaja continuaría siendo suya incluso en caso de derrota.

          Sí resulta llamativo que ninguno de los dos haya podido encarrilar la eliminatoria ya en la ida, por motivos diferentes, aunque ambos sí se despistaron una sola vez y los rivales demostraron entonces por qué están entre los cuatro mejores. Si el balón de Alexis acaba dentro, estaríamos hablando de otra cosa, quizás de que el Barça tuviera ya pie y medio en Munich. Pero el balón no quiso entrar, tópico muy veraz en este juego, y el desenlace no se conocerá hasta la vuelta en Can Barça. Más allá de los merecimientos o la justicia de un resultado, son también otros factores los que influyen y otorgan al balompié esa vitola de imprevisible que lo eleva hasta los cielos. Cualquier lance lo cambia todo. El fútbol es tan emotivo porque es imprevisible, imposible de predecir lo que va a ocurrir en un partido.

          Ahora se supone que los ingleses jugarán a lo mismo en la vuelta, pero también que el Barça sabrá aprovechar algunas de sus oportunidades. ¿Saldrá Torres de titular en el Camp Nou? Lo hizo bien en Lisboa, a ver si quiere Drogba. Ya extrañó que no jugase nada en la ida, con el contragolpe como única arma de los blues, que seguramente se conformaban con el 1-0 y había que defenderlo. Eso sí, Di Matteo no renunció a Mata, en el medio y a la derecha del 4-5-1 echado atrás con que se ganó a los azulgrana. Seguro que en su vida el asturiano había tocado menos bola, sacrificado y a la espera de un balón decisivo que si encontró Lampard para dar alas a Ramires. Momento cumbre de la temporada. Apasionante e imprevisible, mejor así. También todos buscando el elixir mágico que pueda derrocar al Barça, aunque la historia demuestra sobradamente, especialmente la contemporánea, que jugando bien al fútbol, con el balón al menos, se suelen obtener mejores resultados. Ya se verá. En unos días.

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One response to this post.

  1. Posted by Jorge Parrondo on 19 abril, 2012 at 15:26

    En el fútbol es imposible predecir lo que va a pasar, como bien dices, pero en los partidos de vuelta me atrevo a decir que el Barça y el Madrid van a ganar por goleada si es que no tienen un día gafado, esperemos que no porque molaría mucho el superclásico español en la final de la Champions. Así que ojalá Cristiano le haga un par de golitos al Bayern o más y Messi otros tantos al Chelsea.

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