Manual para deportistas pecaminosos


 Publicado en:  +RENDIMIENTO                    www.masrendimiento.es

   Texto:  Marcos Moreno  (12.05.12)           

     Los 7 pecados capitales y el deporte    

                

          El deporte no es ajeno al comportamiento humano, y por lo tanto, lo que es válido para la generalidad puede serlo para lo deportivo. No, no vamos a hablar de religión, el administrador de este blog no lo permitiría y tampoco es mi intención. Cambiemos la palabra pecado por falta, culpa, defecto, mancha, desliz, infracción, transgresión, maldad, vicio, imperfección, flaqueza, perversidad, vileza… Son algunos de sus sinónimos, establezcamos un paralelismo entre la propuesta cristiana y el deporte. ¿Probamos?

        SOBERBIA.  Habitual en algunos de los comportamientos que vemos en deportistas: enfrentamiento con un árbitro, mensajes a la grada, gestos, declaraciones… En cierta ocasión escuché una charla del responsable de márketing de Unicef. Cualquier deportista no puede ser embajador de Unicef. Como es lógico, la imagen que debe proyectar tiene que ir acorde a sus principios. ¿Conocéis a alguno de estos embajadores que sea soberbio? ¿Conocéis deportistas soberbios? Contra la soberbia, humildad.

        ENVIDIA.  Quizá más difícil de observar al tratarse de comportamientos más interiorizados. Según la RAE, “tristeza o pesar del bien ajeno”. ¿Se alegran los deportistas del mal ajeno? Supongo que en ocasiones, como el resto de la humanidad. Eduquemos deportistas generosos, no envidiosos.

        IRA.  Posiblemente la versión visible de la envidia. El deportista debe saber sobreponerse a los contratiempos, a las dificultades, y reaccionar con moderación, con humildad (sin soberbia).

        PEREZA.  ¡¡Ay del deportista perezoso!! Que los hay, que se apalancan, que se conforman con el estatus alcanzado… El deportista perezoso debe cambiar la inacción por la acción, proponerse una meta e intentar ser didligente en su consecución.

        AVARICIA.  Lleva al deportista a anteponer sus intereses particulares a los del grupo, sus intereses económicos a los deportivos. En el entrenador, la avaricia lleva a romper el saco, el que mucho abarca…

        GULA.  Según la RAE, “exceso en la comida o bebida, apetito desordenado de comer y beber”. Deportivamente hablando quizá podríamos establecer un paralelismo entre la gula y el exceso de celo en la alimentación, el exceso de suplementación…

        LUJURIA.  Para intentar deportivizar esta falta, me quedo con la segunda acepción del diccionario, “exceso o demasía en algunas cosas”. Y me viene a la cabeza la ostentación, el lujo al que nos tienen acostumbrados algunos deportistas admirados por muchos niños y jóvenes.

          Pero un listado de pecados de hace más de 1.500 años necesitaba una actualización, y la realizó el Vaticano en 2010, manteniendo los viejos pecados y sumándoles otros siete: realizar manipulaciones genéticas, llevar a cabo experimentos sobre seres humanos, contaminar el medio ambiente, provocar injusticia social, causar pobreza, enriquecerse hasta límites obscenos, a expensas del bien común, y consumir drogas. ¿Algunos también pueden aplicarse al deporte? Esa reflexión os la dejo a vosotros.

          Por lo tanto, eduquemos deportistas humildes, generosos, pacientes, entregados, y entonces estaremos educando personas válidas para la vida en sociedad, al margen de lo que digan las religiones.

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