Pirulí Connection (IV)


 El himno más disparatado

DESPLIEGUE DE TVE PARA LA COPA DEL REY

          Han pasado tres años y aún no hay una versión concluyente acerca de los hechos acaecidos durante la transmisión de aquella final de Copa que también Barça y Athletic disputaron en el campo de Mestalla. Sonaba el himno español, silbado y abucheado por miles de vascos y catalanes, pero TVE no estaba ofreciendo lo que ocurría en el estadio. Andaba conectando con San Mamés, donde la gente iba a seguir el partido, y con la fuente de Canaletas, absolutamente vacía, pues todo el mundo estaba viendo la tele. Kafkiano. No resulta fácil hacer una descripción lógica de los episodios surrealistas que se sucedieron de manera precipitada hasta fabricar una noche tan inolvidable, especialmente para aquellos que se vieron salpicados o perjudicados, con o sin culpa. De barraca, catalogan aún resignadamente los profesionales envueltos en aquel escándalo sin aclarar y abordado incluso en el Consejo de Ministros. Algunos de ellos repetirán este viernes. Y las órdenes llegarán de alguien distinto del jefe de Deportes, que ni se habrá enterado todavía de que hay partido. En el Pirulí, de momento, están más pendientes de las bajas de Rivero y Esteban Gómez para Londres 2012. Eso sí, parece que la mezcla de audios (himno y ambiente) no se tocará en control central, se emitirá lo que salga desde la unidad móvil. Ahí está la clave. ¿Cómo lo harán? ¿Pasarán cosas extrañas como la otra vez? Tantas imposible.

          Expectación máxima, pero echemos la vista hacia esa otra vez, hasta aquel partido que significó el primer título de Guardiola. Un tal Julián Reyes, pájaro nada recomendable, era el responsable de Deportes en TVE. No estaba en el control de realización, tampoco en el camión ni con los comentaristas, se encontraba en el palco de Mestalla, con su mujer. Y maquillado porque su sueño era entrevistar esa noche al Rey. Pero no lo pudo cumplir y horas después le invitaban a presentar la dimisión por inepto. Cuentan que su señora trabajaba entonces en una empresa de comunicación estrechamente relacionada con la vela, por lo que quizás su intención fuese simplemente salvar a la Corona de la afrenta popular que se le venía encima. Ansias por figurar las tiene por arrobas, eso seguro. Sin embargo, no pudo urdir una trama tan disparatada para lograr un resultado tan burdo y descabellado como el que se produjo. Javier Pons era el director de TVE, ajeno a la realidad de Deportes, inconsciente del riesgo asumido por otorgar poder pleno a una persona incapacitada para ello. Pons no intervino en el aquelarre, aunque habría tenido que dimitir como responsable máximo. Negó cualquier censura de la emisión y atribuyó lo sucedido a un error humano. Reyes pagó el pato. Un escueto comunicado y la reproducción del himno en el descanso constituyeron la urgente reparación de daños.

          Eso sí, en la repetición del himno, las imágenes reposaron un ratillo en un aficionado con camiseta del Athletic, mano en el pecho y aparente fervor por el himno español. Casi todos los demás silbaban. Quede como anécdota, como habilidad del cámara para descubrir la excepción en la grada o también como detalle de autocensura de quien escogió las imágenes con las que tapar el desaguisado. Eso no estaba previsto, era el descanso, andaban los responsables intentando escurrir el bulto. El subdirector de Deportes  era entonces Ricardo Castellanos, El Puñales, le llaman en Radio Nacional. Reyes, en el palco. Castellanos, en el control de realización de Madrid. Ambos fueron los responsables del escándalo, ya que dieron órdenes absurdas y descoordinadas. Tanto que la gente de la unidad móvil de Valencia, en el momento de los hechos, en los minutos previos al comienzo del partido, acabó manejando una escaleta diferente a la que seguían en Madrid. Tan garrafal error se explicó luego con que Castellanos no había sacado del ordenador la última versión del guión de tiempos para las conexiones previas al partido. Escaleta que mandó Reyes desde Valencia, se supone que lo hizo, aunque nunca se le dieron bien, tanto que antes se las tenían que hacer. Es decir, plató de Madrid y desplazados a Valencia estaban siguiendo distintos guiones en la misma retransmisión.

          Les ponemos en situación. Paco Grande era el editor en Madrid, responsable del programa en lo estrictamente informativo. Pero junto a él estaba Castellanos, la ocasión lo merecía. Todos los presentes se estaban percatando que con el plan diseñado se la iban a pegar, la iban a cagar. Un montón de conexiones, además de los himnos, también los pasos por plató y por el estadio… Imposible que todo cupiera. Todos lo veían menos Castellanos, quien rechazaba una y otra vez las advertencias de Grande en el control del estudio A-4 de Torrespaña. ¡Que nos vamos a comer el himno, Ricardo! Que no entra todo, ¿no lo ves?, se desesperaba Grande.  Lo que pone aquí es lo que hay que hacer, lo dice Julián, sostenía el otro, esgrimiendo un papel con instrucciones equivocadas. Por si fuera poco, los realizadores destacados en Valencia, desde la móvil, advertían a gritos de que se acercaba el momento del himno, que se lo iban a comer, pero las desesperadas llamadas nunca se escucharon en el control de Madrid. Esas advertencias se produjeron por línea interna, pero nunca se escucharon en el control, hay testigos en ambos sitios. Un misterio más. Algún descuido puntual quizás. No nos imaginamos a Reyes o Castellanos induciendo al sabotaje al técnico de sonido para que no se supiera que había dos escaletas distintas… Demasiado enrevesado.

          Pero siempre quedarán dudas. Después de haberlo vivido muy de cerca y de lo mucho que nos hemos reído con el asunto, si nos tuviéramos que mojar, achacaríamos lo ocurrido a la incapacidad de un tipo al que le dan un despacho porque sí y pasa a disponer a su antojo porque se cree alguien importante. Pero tampoco pondríamos la mano en el fuego y asegurar que todo fuese producto del azar y de esa ineptitud manifiesta. Ni los implicados, todos aquellos que trabajaron aquella noche de 2009, son capaces aún de explicarse lo sucedido. ¿Son tan tontos de preparar una final de Copa en TVE con escaletas distintas? ¿O tan listos que se hacen los tontos? La guinda a velada tan esperpéntica la puso el calvito que salió desde Canaletas mientras sonaba el himno nacional. Después del partido llamó a la redacción en Madrid para felicitar a todos los compañeros que habían intervenido en la emisión por lo bien que había salido todo. Más de uno se vino definitivamente abajo. Luego llegaron los expedientes y la poca vergüenza de algunos que ni supieron ni quisieron depurar responsabilidades porque los culpables eran gente de su cuerda. Lamentable la persecución laboral que se inició entonces contra gente cuyo único error había sido aceptar las órdenes de dos lunáticos con mucha jeta. Afortunadamente todo queda atrás, aunque no se olvida. Reyes  siempre será el del himno. Nos cuentan que continúa maquinando por el Pirulí en un intento de recuperar algún despachillo cuando lleguen los cambios.

          Pues así fue lo del himno, más o menos, no sé si lo hemos sabido contar bien. Ahora toca esperar al viernes. Paco Grande se ha debido quitar del medio, no debe querer más expedientes, más vale prevenir. No será el editor. Tampoco se abrirá plató en el Pirulí. Sólo habrá gente en el estadio. Lo que se emita saldrá de allí, insistimos. Y alguien tendrá que ajustar volúmenes. Rivero estará al frente y dará paso al himno. Los de la Federación Española tuvieron muy claro desde el principio que tenían que dar la nota y equivocarse flagrantemente, eligiendo Madrid como sede de la final del viernes. Debieron intuir que lo mejor era trasladar el mismo escenario a Madrid, asumiendo la gran pitada al himno como algo normal y susceptible de maquillaje a base de vatios, como en la final del año pasado. Luego todo se envenenó y el cisco está montado. En las calles, en el estadio y en las televisiones, a las que se mirará con lupa para ver cómo gestionan la mezcla de sonido entre acordes y ambiente de grada. Para comprobar si los pitos y silbidos despiden más decibelios en los televisores de Cataluña que en el resto de España, ya que desde Euskadi se tendrá que seguir por TVE, pues no lo da la tele vasca. Al menos que no se equivoquen de himno.

          Hasta que llegue el viernes lo más noticioso en TVE afecta a dos comentaristas deportivos de la casa, al propio Rivero y a Esteban Gómez. Sorprendentemente se han caído de la convocatoria para Londres 2012. Ninguno de los dos va a estar en los Juegos. A Rivero se lo han razonado diciéndole que no es polivalente. Sauca quiere más, ansía ser campeón olímpico. Quiere ser quien conduzca al oro a la selección de fútbol. Deseo concedido por los que aún toman decisiones en RTVE, donde se demora cada vez más el nombramiento de un nuevo presidente. Hay tal vacío de poder que quienes aguantan en los cargos más relevantes aprovechan el caos para perpetrar sus últimas fechorías. Tan triste es la situación que al final veremos a Gómez Acebo, actual jefe de Deportes, sacando provecho de su loft londinense y a todos los demás hacinados para servir imágenes e información al pueblo español (ver post  Pirulí Connection II, 9 abril 2012). Escandaloso. Sauca pues contará los partidos de España. Y será Riveras quien se quede con el atletismo, se hará cargo de la labor asignada en un principio a Gómez. Riveras será una de las caras más vistas durante los Juegos, ya que presentará también el resumen diario.

                   

                                                                                                                 Julián Reyes, el del himno

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