Del Bosque sí que sabe


      

          La pasión, el deseo, los nervios, la incertidumbre, la ilusión, el temor por el resultado, la excitación. Son componentes anímicos que pueden fabricar una idea engañosa de cómo ha sido un partido de fútbol de máxima atracción y trascendencia aún mayor. Si revisamos con calma y reflexión el España-Croacia del otro día, la conclusión es clara. Poco que achacar a Del Bosque, si acaso el cambio de Torres, pecata minuta ante tantas críticas aireadas después de una victoria sufrida y trabajada ante un rival muy competitivo. El partido visto en directo equivale a estrés y hasta precipitación. El diferido implica un análisis más objetivo y sosegado donde la exigencia acapara la atención y constituye la referencia principal. El rival también juega e influye en el desarrollo de los acontecimientos. Son dos perspectivas muy distintas. El seleccionador repasó el vídeo la misma noche del partido y se convenció a sí mismo de que todo había ido mejor de lo que indicaban las sensaciones inmediatas, las procesadas en caliente, aderezadas también por cuestiones concretas deslizadas por los periodistas nada más concluir dicho encuentro. Su semblante ya era otro muy distinto a la mañana siguiente, reforzado por ese análisis sereno y convencido de que se había hecho un magnífico trabajo. Seguro de que se había hecho lo correcto, de que nadie había metido la pata, todo lo contrario.

          El remate de cabeza de Rakitic, un chut de Perisic que también desvió Casillas y poco más en el bagaje ofensivo de los croatas. La incertidumbre del marcador, el miedo a un gol del adversario y la tensión de un rato delicado desvirtuaron la noción real de lo sucedido. Podemos concluir que había que jugar así. Bilic, lo mismo que el italiano Prandelli, planteó un sistema defensivo que complicó demasiado la vida a la selección española. Todos los huecos bien tapados, por las bandas y por el medio, mucha presión, también agresividad y ni un solo centímetro de regalo a los rivales más determinantes. Un buen antídoto que sólo podía combatirse con paciencia, mucha cabeza y posesión de balón. Cualquier empate valía y lo mejor era defender con la pelota, daba casi igual donde, si era más o menos cerca del área de Pletikosa. Ante todo sangre fría. Oportunidades iban a surgir, pero lo fundamental era que Croacia no marcase. Bastaba con que ellos no hicieran gol. Los jugadores, en su papel. La afición, en el suyo. Dos roles diferentes. Los futbolistas saben manejar como mero trámite cualquier córner, falta o contragolpe del rival. Competitividad y oficio. No se van a poner nerviosos, aunque por sus cabezas circulen y acechen fantasmas varios. Son profesionales con mucha experiencia, lo han ganado todo y saben cómo controlar la mente y manejar la tremenda presión en situaciones límite. Lo de los aficionados ya es otra cosa. Normal. Hasta los mismos suplentes lo pasan mucho peor que los que están en el campo.

          Tuvimos ocasión de repasar el vídeo de este España-Croacia y las sensaciones fueron muy distintas a las que nos habían inquietado en exceso siguiendo el choque en directo. A punto estuvimos de eliminar el post parido antes de contemplar el partido en diferido (ver Del Bosque siembra dudas, 19 junio), en la creencia de haber exagerado inconscientemente detalles y conceptos, seguro de haber metido la gamba. No es fácil esto del fútbol. Sí, durante un rato, un gol de Croacia habría eliminado a España. Cada balón que jugaban los arlequinados parecía una amenaza letal, impresión que no se produce si asistimos a los hechos ya sabiendo el resultado. El análisis resulta más frío, también más ajustado. Del Bosque admite que lo mismo le pasó cuando vio repetido el España-Paraguay del último Mundial, que lo mismo le había sucedido a Xavi Hernández, no hemos estado tan mal, míster. El marcador lo condiciona todo en el momento, aunque los sucesos admiten otra lectura si las conclusiones se sacan a posteriori. Frente a los croatas, el balón fue siempre de España, que se vio favorecida al final por los riesgos tomados en el último tramo por el contrincante. Más vale carecer de profundidad y de agilidad, o de ritmo, a que el partido se convierta en un ida y vuelta peligroso para la defensa y para Casillas. Si miramos las estadísticas de esta Eurocopa, todas nos favorecen, más goles a favor que nadie, menos en contra, posesión de balón, remates a puerta… Aún así, siempre habrá quejas y críticas, debate, se trata de fútbol y todo se magnifica en los torneos de mayor dimensión.

          El analista Fonsi Loaiza recuerda oportunamente en el diariofénix.com (ver post El talento oculto de Arbeloa, 22 junio) que la selección española no concede gol alguno en eliminatorias directas, en los dos grandes torneos, desde aquella derrota precisamente con Francia en el Mundial 2006. Italia, Rusia y Alemania -todavía con Aragonés-, Portugal, Paraguay, otra vez Alemania y Holanda. Siete partidos decisivos al más alto nivel y Casillas imbatido, ni un solo gol en contra. El dato es más que concluyente. Por eso, España conquistó ambos títulos. Los equipos se arman desde atrás. Por eso, cuando nos hemos referido al doble pivote siempre acotamos que esa quizás sea la manera de ganar, que otra no exista, aunque perdamos profundidad y uno de los centrocampistas creativos, incluso un delantero. Del Bosque es el responsable y su labor hasta ahora no exhibe mancha alguna. Él está obligado a manejar todos los registros y dispone de un larguísimo recorrido en el fútbol de élite. No olvidemos que como jugador, durante una época, fue el cerebro del Real Madrid y también de la selección. Él mandaba en el mediocampo. Esto es fútbol, no la catequesis, soltó hace un par de días cuando le inquirieron sobre alguna mala cara atisbada entre los internacionales que aún no han jugado, los hay que ni siquiera han salido a calentar. Autoridad no le falta y se ha ganado el respeto de todos. Admite críticas, todo tipo de opiniones y cualquier debate que pueda incluso desdeñar algunas de sus decisiones.

           Ahora toca Francia, la nueva Francia de Laurent Blanc, con tres jugadores por encima del resto: Benzema, Ribéry y Nasri. Sin menospreciar la inteligencia de Cabaye, capaz de manejar el juego sin apenas aparecer, mediante movilidad y desplazamientos de balón siempre intencionados. Los galos van a jugar a la contra, van a esperar atrás, les conviene. Italia y Croacia han sido capaces de difuminar las prestaciones de España en ataque y seguro que Blanc ha tomado nota. Habrá que constatar si esperar atrás equivale a encerrarse en el área. Quizás dependa del planteamiento de Del Bosque. La duda es la misma de los partidos anteriores: Torres o Fàbregas. Si no jugase el del Chelsea, Rami y Koscielny, los centrales, lo agradecerían, no tanto M´Vila, Diarra y Cabaye, que tendrían que ocuparse de uno más en su zona si Fàbregas entra en el once. No salió el experimento del falso 9 el día del debut, en el partido que despertó más dudas, pues Italia fue bastante mejor en la pizarra. Sin delantero específico, se corre el riesgo de que Francia empuje desde la línea defensiva y aleje del área a los cracks españoles. No va a defender con tres centrales, pero sí con tres en el centro de la parcela ancha, con lo cual habrá que prestar especial atención a sus laterales. Hasta ahora las bandas han sido el punto débil de España, con Arbeloa y Alba casi solos ante el peligro, ya que Xavi y sus socios suelen moverse por dentro, y sin balón hay que replegar. Fundamental pues reducir riesgos, evitar pérdidas, la propiedad del balón por encima de todo, sea donde sea. De los tres franceses de arriba sólo Ribèry se mueve por los costados como pez en el agua. De él y de los otros dos también tendrán que estar muy pendientes Ramos, Piqué, Alonso y Busquets, obligados además a ayudar en los costados. El partido es peligroso.

          Lo lógico es que Torres vuelva a ser titular y que Fàbregas salga enrabietado en la segunda parte. Ya veremos. Seguro que Del Bosque acierta, aunque admite que mantiene alguna duda. Lo que está claro es que nada tendrá que ver lo de Donetsk con la escabechina padecida hace seis años en Alemania. Entonces jugaron juntos Raúl, Villa y Torres, causando un desequilibrio total. Corren otros tiempos y ahora la duda es saber si España va a jugar con un delantero o sin ninguno. Nunca se ha ganado a Francia en partido oficial, momento pues idóneo para cumplir los pronósticos. Ellos debieran estar más preocupados, sin duda.

  

                                                                                                                        Nasri, Benzema y Ribéry

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