Xavi, Xabi y la selección


     

          Xabi Alonso se reía de lo que se publicaba mientras Xavi Hernández andaba preocupado porque no lo veía claro antes de la final de Kiev. Lo descubierto por Francesc Aguilar en Mundo Deportivo (ver post Xavi también dudaba, 4.07.12) otorga una nueva dimensión a los avatares tácticos observados durante la pasada Eurocopa, resuelta finalmente de modo exuberante por la selección española. Algo pasaba, el puzzle ahora sí que encaja. Xavi debió advertir a lo largo del torneo lo que muchos aficionados a través de la televisión, que esta España, la del doble pivote, se preocupaba más de defender que de atacar. Que el tan cacareado estilo que ha encumbrado al fútbol español poco se parecía al que hace cuatro años marcó el punto culminante de estos tiempos dorados, aquella semifinal en Austria frente a los rusos. Bastó con poner un 9 y todo volvió a la normalidad. Fàbregas no es delantero, pero jugó como tal, siempre arriba, hasta que llegaban los demás, descargado de trabajo defensivo. Fijó su posición, retuvo a los centrales italianos, España pudo presionar más arriba, achicó las distancias y Xavi, por fin, se encontró a sí mismo, cerca del área, para tocar y tocar con sentido ofensivo, no para defender, como en el partido contra Francia y en algún otro.

          Había equilibrio defensivo, factor indispensable para lograr resultados, pero faltaba profundidad, como se había demostrado sobradamente cada vez que se había jugado sin delantero centro. Habría que preguntar a Prandelli por qué no repitió el dibujo gracias al cual Italia fue mejor que España el día del debut, con un sistema mucho más ágil que causó estragos en el dispositivo defensivo español. La final fue completamente diferente. Los nuestros fueron capaces de jugar diez metros más arriba, los que reculó Italia por obligación, por la presencia de Fàbregas, esta vez más delantero que mediocampista. Sus compañeros ya tenían una referencia. Se trataba de llegar arriba, ese había sido el problema, la causa del malestar de Xavi. Una vez allí lo del 9 ya es lo de menos, debido a la calidad suprema de los cuatro cracks (Xavi, Iniesta, Silva y Cesc) y al apoyo de los demás. Con el balón ya en el área adversaria o aledaños, en la final del domingo, Fábregas ya pasaba a ser uno más, atacante. Para crear, para pasar y para rematar. También se comprobó que Xavi no estaba tan fatigado como pareció frente a Portugal en semifinales, cuando fue sustituido con todo aún por decidir, algo bastante anómalo. Fue el mejor de la final y cuando Xavi es el mejor, su equipo gana, que nadie lo dude.

          “El 9, el falso 9, el supuesto aburrimiento… Me eché algunas risas leyendo las dudas sobre España”. Xabi Alonso, autor de la frase, ofrece control de juego. Xavi garantiza también ese control y además posesión de balón. Es una de las diferencias entre ambos, ya hemos tratado con detalle este asunto en entradas anteriores. Uno es más defensivo, el otro piensa y juega más para el gol. Con Luis Aragonés, el guipuzcoano acabó siendo suplente, debido a la presencia de Marcos Senna, mientras que el catalán era el alma mater. Nunca lo ocultó el anterior seleccionador, que la nueva España tiene su origen en una conversación que mantuvo con Xavi para introducir el nuevo estilo. Otra conversación parece que ha sido la clave para que España recuperara brillantez, otra charla entre Xavi y el seleccionador, el actual, Del Bosque. El técnico volvió a demostrar su sabiduría. Cuenta Aguilar que fue él quien buscó a Xavi, pues le veía incómodo después del susto ante Portugal y antes de la goleada a Italia. Luego cambió alguna cosilla y la apisonadora volvió por sus fueros. Con Xavi al mando, como tiene que ser. Y entre ambos encontraron la solución para enterrar esa descompensación que limitaba el potencial de los campeones de todo. Se adoptó una medida intermedia, jugar con doble pivote, sí, innegociable prescindir de Alonso, pero también uncionar con un 9, aunque fuese posicional, sin las características que suelen adornar al ariete. Había que estirar al rival para hallar espacios e inclinar el campo convenientemente. Y se acertó de pleno. Defendiendo a través de la posesión de balón, sí, pero con ese balón circulando ya a mayor velocidad y a 70 metros de Casillas.

   

          No se trata de verter comparaciones entre Xabi Alonso y Xavi ni de debatir de nuevo sobre el doble pivote o la necesidad de un 9. Resulta evidente que el centrocampista del Real Madrid, en su puesto, es uno de los mejores del mundo, y eso hay que aprovecharlo, que los buenos equipos se arman desde atrás. En cuanto al 9, se supone que lo que tanta gracia le hacía a Alonso no era encajado del mismo modo, con la misma ligereza, por los tres delanteros que Del Bosque incluyó en la lista para esta Eurocopa. Resulta evidente que no es lo mismo ser 9 que jugar de 9, ser delantero que, por razones tácticas, ocupar esa demarcación. Y parece probado que un centrocampista de calidad puede jugar más adelantado mientras que un delantero lo tiene muy difícil para acoplarse al mediocampo, máxime en un equipo como España, que reúne en esa parcela a los mejores peloteros del planeta. A Torres, Llorente y Negredo nunca les veremos lejos del área. Sin embargo, Fàbregas es un jugador universal (término más propio de fútbol sala), que puede ocupar cualquier demarcación, que se adapta a cualquier situación, basta con fijarse en el gol de Silva a Italia. Fútbol moderno e inteligente. A los genios de esta España, no hace falta citar otra vez sus nombres, les falta velocidad para romper a muchos metros del área, pero su calidad les permite inventar cualquier cosa si la portería rival está a tiro. Entonces es la velocidad mental la que cuenta, no la física.

          Por último, se hace necesaria una referencia a las declaraciones efectuadas por Luis Aragonés a un periódico mejicano. Ha venido a decir Zapatones que el estilo de juego de la selección española, por encima de matices, no se corresponde con la filosofía Barça sino con la calidad individual de los futbolistas que hay actualmente en España. Que no había tantos barcelonistas en la Eurocopa que se ganó hace ahora cuatro años. Cierto que Guardiola aún no había debutado en el banquillo azulgrana, pero también que Xavi, Iniesta y Fàbregas –aunque éste se marchó de chaval al Arsenal- son producto de una escuela que apostó hace más de dos décadas por el fútbol de toque y asociación. El mismo fútbol que ya desarrolló el Atlético de Madrid, valga el ejemplo, allá por los años 70, con un mediocampo de mucha calidad (Adelardo, el propio Luis, Irureta, Salcedo, Alberto), clave para que los rojiblancos estuviesen a punto de ganar la Copa de Europa frente al Bayern, base de la Alemania que sólo unas semanas después se proclamó campeona en uno de los mejores Mundiales que se recuerdan. Eso sí, jugadores como Xavi principalmente e Iniesta, también Silva y Fàbregas, son irrepetibles. Su inmensa calidad técnica individual, aplicada al funcionamiento colectivo, su capacidad para asociarse en espacios reducidos, con movilidad constante para descubrir espacios, constituyen el distintivo que marca la hegemonía actual de la selección española. Este estilo de juego no es nuevo, aunque quizás nunca antes se había podido reunir tanta calidad en torno a una idea, si acaso el Brasil de 1970, aquel equipo donde los jugadores tampoco necesitaban correr más de la cuenta, ya lo hacía la pelota.

          Quizás lo más preocupante, de resultas de tanta duda táctica, debate siempre interesante, sea que Xavi Hernández haya llegado a considerar la posibilidad de abandonar la selección sin poner a su carrera ese broche de oro que tanto merece posiblemente el mejor futbolista español de todos los tiempos, seguro que quien mejor ha entendido este deporte como juego colectivo (ver post Simplemente Xavi, 28.02.12). Él tiene que cerrar su trayectoria internacional en el Mundial de Brasil, dentro de dos años. Y si con 36 tacos le apetece estar en la próxima Eurocopa, que la juegue. Lo que él quiera, Xavi jamás engañará a nadie. Hasta podría ser el próximo seleccionador, nadie se opondría. Sin el egarense, esta España gloriosa y admirada nunca habría alcanzado cotas hasta hace cuatro años inimaginables. Por eso, Del Bosque fue a buscarle antes de la final contra Italia, después de ganar en la lotería de los penaltis a Portugal, que nos pudo ganar. De cualquier modo, vuelve a reinar la calma gracias a que España revalidó el título, primera selección que lo logra en la historia del torneo. En este sentido, ha dicho Del Bosque que el triplete conquistado no habría sido posible sin Iker, Xabi Alonso y Xavi. Sus razones tendrá.

                        

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