Mineros y delincuentes salidos de las urnas


  

        

                                                                      Los mineros pasan por delante del Palacio de Moncloa

          Ya sólo falta que los mineros y agregados a la rebelión popular utilicen también armas para no encontrarse en desventaja ante unos asalariados vestidos de azul y tocados con escudo y casco, también con porra, pipa y escopeta. Unos policías que no se quieren enterar de que los malos, golfos y chorizos, los que tendrían que estar en el talego, son los que les mandan cargar contra la gente en Madrid, en la Castellana, enfrente del Bernabeu, o en cualquier rincón de la ciudad. Ellos, los golfos, no se atreverían a enfrentarse a la gente, son cobardes por naturaleza, uno a uno, sin escoltas o policías, son mierda. Sueltan a los maderos para que peleen con los ciudadanos de bien y esos polis aceptan por mantener el sueldo. Las imágenes dan la vuelta al mundo y aquí se silencian hasta niveles muy preocupantes, aunque poco a poco la radio y la televisión van levantando la censura inicial, sólo algunos medios y sin acaparar portadas. Menos mal que hay internet y que la gente cuenta lo que ocurre. Antidisturbios lanzando pelotas de goma a los manifestantes sólo tres meses después de que Íñigo Cabacas, seguidor del Athletic, muriera de un pelotazo después de salir de San Mamés (ver post Muerte en Bilbao, 10.04.12). Y esta gentuza no pide disculpas ni hace justicia, la viola reiteradamente en interés propio, caiga quien caiga, desatendiendo cualquier vínculo con la honradez que debiera presidir sus actuaciones como cargos públicos que son. Gentuza que cree tener potestad para decretar represión policial mientras ellos, sus familias y sus colegas se bañan en la piscina de casa rodeados de escoltas que también les pagamos los demás, ajenos a cualquier revuelta popular.

          Ninguno de los delincuentes que nos gobiernan está en la cárcel y si a algún juez se le ocurre abrir diligencias contra alguno de la mafia, o algún amiguete, ya se verá lo que se hace con el magistrado. No sólo no se avergüenzan sino que pisotean material y moralmente a los ciudadanos, los que les votan a ellos gracias a ese diabólico invento llamado democracia. Con Franco se conocían cuáles eran los límites. Si se rebasaban, ibas por el hueco de la escalera. Ahora son muchos más, han estafado a un país entero, han amasado fortunas alucinantes, que reposan en paraísos fiscales, y se resisten a pagar por ello. Que lo pague el pueblo, los gilipollas de siempre. No reconocen lo chorizos que son, sí, los políticos en general y demás agentes adláteres, compinches, que llegan a ser capaces, en delirante ejercicio de perversidad, de agredir sin ningún escrúpulo a millones de indignados y estafados. El mundo del revés, como tantas otras veces a lo largo de la historia de los seres humanos, enfrentamiento entre buenos y malos. Hasta los funcionarios están que trinan.

          Desaparece el dinero, el retroceso socio-económico es brutal y estos pájaros sólo piensan en robar aún más a la gente que menos tiene. Son capaces hasta de aplaudir a Rajoy en el Congreso y de reírse en la sesión, recién anunciados los recortes, mientras millones de personas se cagaban en su puta madre. Ellos no se bajan los monstruosos y vergonzantes sueldos que perciben, parece como si cada vez hubiera más políticos y asesores en organismos de discutible función y pelaje. ¡Y no pasa nada! Hasta algunos de ellos emigran, caso de la Pajín, escapando de la quema y cobrándose favores realizados desde un cargo público. Todo da igual. O daba. La llegada de los mineros desde diversos puntos de España evoca tiempos pasados y muy convulsos, un soplo de aire fresco para todos los que continuamos en shock por haber pasado de ricos a pobres en muy poco tiempo. Lo que decía Del Bosque del fútbol español, aunque al contrario y en un escenario mucho más esencial y trascendente. Pero esos nuevos pobres ya están hartos, muy hartos de lo que está sucediendo. Los medios, vendidos al poder, volcándose en información deportiva y otras zarandajas, manipulando y tergiversando la cruda realidad socio-política, también jurídica, de este país llamado Españistán. Como si las personas de bien, las que no delinquen, fuésemos borregos. La gente está viendo el Tour, sí, celebró la Eurocopa, estará también pendiente de los Juegos Olímpicos, luego volverá el fútbol… Pero esa gente no es tan tonta como algunos imaginan y lo va a demostrar antes o después.

          Menos mal que han venido los mineros, andando cientos de kilómetros, para cantarles las cuarenta a los responsables de tan aberrante desfalco. A sinvergüenzas que se apegan al poder sin ningún rubor después de haber provocado la ruina general. Si nuestros hijos pasan hambre, los vuestros lo pagarán en sangre, rezaba una pancarta entre la muchedumbre que irrumpió en el centro de Madrid el martes por la noche. Un mensaje que suscribirían muchos millones de españoles. Sale la noticia de que al hijo de la desvergonzada Aguirre le han colocado de asesor en el Ministerio de Economía, a la hija de Zaplana por otro lado, sólo dos ejemplos del robo masivo que ejercen estos políticos de mierda que deben sufrir el castigo que merecen. Resulta justo y necesario que entre todos paremos los pies a esta gentuza, a estas hordas de ladrones profesionales que se creen la ley, y la utilizan como arma, porque consideran que controlan y manejan a los jueces, extremo cierto en muchos casos, esperemos que no en todos.

          Ellos no sólo no se bajan sus sueldos, desproporcionados en su inmensa mayoría, sino que practican el nepotismo con impunidad absoluta. Nadie investiga tampoco sus cuentas bancarias, especialmente las que poseen fuera de España, donde reposa el dinero evadido. Roban el dinero, lo sacan del país y ahora quieren más, que no hay, prtenden continuar esquilmando al ciudadano, eso sí, escudándose siempre en la puta democracia. No se pueden ir de rositas. Hay que quitarlos del medio y meterlos en la trena. Después de que hayan devuelto el dinero robado, que aquí nadie es condenado ni devuelve siquiera lo que se ha llevado. Un país de vergüenza, el más corrupto de Europa. Y fuera lo saben, claro. También que los corruptos son los políticos y sus cómplices. Pero les da igual, estos delincuentes no tienen vergüenza y están seguros de que la policía y los jueces no les persiguen.

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