Agresión policial a la afición del Atleti


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Texto: Cristina Serrano     (11.05.12)

Tensión en los hospitales

         

          Rostros de nerviosismo, interminables esperas y camisetas rojiblancas, algunas manchadas de sangre. Basta echar un vistazo a la sala de urgencias del hospital madrileño Gregorio Marañón para adivinar que algo no ha salido bien en la celebración colchonera.  Ya desde el camino que lleva a la entrada se escuchan los gritos de indignación y rabia de un padre que espera a que su hijo sea atendido, presagio de una larga noche que se tornó amarga, muy distinta a la que todo hincha imaginaba tras saborear el ansiado triunfo de su equipo.

          El joven Christian, de 25 años, recibió el impacto de una pelota de goma lanzada por un antidisturbios. Un impacto bastante fortuito y absolutamente desafortunado. “Estábamos frente al Museo del Prado, ni siquiera nos acercamos a Neptuno, porque queríamos estar tranquilos”, relata Pedro, el padre del joven herido.

          Aparece otra unidad del Samur. “Ahí viene otro colchonero”, suspira un hombre. Es el quinto en muy poco tiempo. La espera continúa. Javier, de 30 años, apura otro cigarrillo mientras su amiga Teresa, de 23, está siendo atendida por un golpe en la parte posterior de la cabeza. “La gente sólo quería celebrar el triunfo de su equipo. Luego estaban los cuatro de siempre montando follón, pero la Policía ha empezado a cargar indiscriminadamente”. lamenta.

          Cuando unos se van, otros llegan, y la aparición de cuatro vehículos oficiales de la Policía Nacional altera aún un poco más la atmósfera, ya gris, que se vive en la entrada de las urgencias del hospital. Un primer policía de uniforme sale del coche. “¿Algún problema con la policía?”, se dirige a todos los familiares. “Lo que han hecho vuestros compañeros es una completa vergüenza”, se oye en la cortante sala de urgencias. “Bueno, había que llevarse algún recuerdo del partido, ¿no?”. La respuesta de un joven policía detona la bomba de la indignación. “Había menores. Había niños muy pequeños, ¿eh?, muy, muy pequeños. Y ha dado igual, absolutamente igual. ¡A pelotazos! Así se ha solucionado”.

          El descontento aumenta con la actitud policial. El mismo hombre que contaba la llegada de los colchoneros en las unidades del SAMUR se muestra atónito: “Nada más llegar, se ha bajado uno de ellos del coche ya con el casco y la porra en la mano, a atizar, directamente”.

          Al final, dulce locura en Bucarest para los rojiblancos, pero agridulce en Madrid, donde esa pequeña entrada a las urgencias del hospital del Gregorio Marañón albergó muchos sentimientos contrapuestos. Angustia e indignación; humanidad y empatía; desasosiego y comprensión. De todo.

          Teresa sale, por fin, de su habitáculo particular. Se reúne con su padre y sus amigos, que la esperan desde hace horas. “Me parece una absoluta vergüenza que la gente salga a disfrutar de la victoria de su equipo y no pueda celebrarlo decentemente”. Como ya lo hicieron otros, Teresa abandona las urgencias del Gregorio Marañón: “Hasta pronto, compañeros. ¡Y aúpa Atleti!”, grita.

   

                                            Aguirre y Cerezo, como si lo sucedido en Neptuno no fuera con ellos

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